ENTREVISTA A ÁNGELES PARRA, DIRECTORA DE BIOCULTURA

BIOCULTURA, consume Bio y cambia el mundo

¿Qué es para ti BioCultura?

-Es una feria poco común, la verdad. No es una feria al uso. Nada de eso. “Feria” viene de “farah”, que, en árabe, significa “fiesta”, “alegría”. Es una feria para que la gente pueda llevar a cabo una revolución personal y global que cambie este camino suicida que la Humanidad tomó hace unas cuantas décadas pero sin renunciar a los aspectos lúdicos, a las sonrisas, al buen ambiente y sin esclerosis ideológicas de otros tiempos. La cuenta atrás ya ha empezado. La crisis climática ya está tocando a nuestras puertas. El coronavirus nos ha mostrado cuán vulnerables somos. Se impone un gran cambio de paradigma. No queremos seguir poniendo parches. No podemos esperar más. La feria nos enseña a vivir bajo las premisas de un nuevo paradigma en el que el consumo y los hábitos de vida se alían para revertir el difícil reto medioambiental al que se enfrenta nuestra especie y toda la Tierra. La actividad comercial se completa con cientos de actividades paralelas que informan a la ciudadanía sobre alternativas a la vía neoliberal y a otras vías que en su día fracasaron. BioCultura, en cualesquiera de sus diferentes ediciones (Madrid, BCN, Sevilla, Valencia, Bilbao, A Coruña…), la organiza la As. Vida Sana, una entidad sin ánimo de lucro, declarada de interés público, que siempre ha trabajado por acercar a la ciudadanía la armonía con la Naturaleza. Más allá de las ideologías políticas, tan obsoletas, y de los intereses personales, tan pérfidos.

EL SECTOR “BIO” ESTÁ CAMBIANDO

¿El sector “bio” está cambiando?

-Sí, el sector está cambiando, y mucho, y muy rápidamente. Antes, todos nos conocíamos y seguíamos unas mismas pautas de comportamiento. Ahora, se han sumado grandes empresas, grandes fondos de inversión, grandes cadenas de distribución… Para muchos, ahora el sector “bio” es sólo un negocio más, como podría ser un negocio de tuercas, de grifos o de gasolineras. Pero no todo vale. Nosotros luchamos por mantener la esencia y proteger a los pequeños productores. Nosotros, desde BioCultura y Vida Sana,  siempre hemos trabajado para mostrar a la opinión pública que existen alternativas a la alimentación convencional, tóxica y nociva en muchos aspectos, no solo en el terreno de la salud. Tóxico también es el sistema agroalimentario convencional, que perpetúa un status quo fatídico para el planeta y para la salud humana. Y en eso seguimos, pero, sí, ha habido cambios. Éramos todos muy jóvenes. No sabíamos nada. Sólo teníamos mucha ilusión por cambiar las cosas. Ahora, la feria y el sector se han profesionalizado. Esto es bueno porque el tesoro de la alimentación ecológica llega cada vez más, de diferentes formas, a más hogares. El proceso no sólo se da aquí. En todo el planeta se está viviendo una revolución silenciosa y pacífica en este aspecto. La cuenta atrás ha empezado. El cambio debe ser urgente. Ya no podemos seguir discutiendo. Hay que actuar. Conviene ser profesionales, descontaminar los campos, luchar contra el cambio climático, enfriar el clima, ingerir menos proteína animal… Con apoyo o sin apoyo, vamos a seguir insistiendo. Es una necesidad vital, moral, espiritual.

UN ÉXITO MERECIDO

¿Por qué crees que BioCultura ha sido una feria con tanto éxito hasta la fecha?

-Nosotros nunca hemos hecho las cosas para tener éxito comercial, popular, mediático. Hemos hecho lo que hemos hecho por ecoactivismo, por convicción, por ética. La feria es muy ambivalente en muchos aspectos y, quizás, esa sea una de las claves de su éxito. Los profesionales tienen su espacio importante. Es el momento ideal para conocer nuevos productos y realizar sus contactos. Los visitantes, también. Hasta los niños tienen su lugar en el Festival Ecológico de la Infancia MamaTerra. La feria es biodiversa como la propia vida y como la Naturaleza. El que no encuentra su espacio en BioCultura es porque no quiere. Son tantas las actividades paralelas de la feria que cada cual se hace su guión para asistir a la feria con algunas “citas” ya establecidas y poder asistir a las conferencias, debates, degustaciones y/conciertos que más le interesan… Yo creo que el éxito de la feria se debe, entre otras cosas, a que ofrece alternativas serias a la sociedad de masas, que ya sabemos hacia donde nos lleva. La ciudadanía ha despertado. La crisis del coronavirus ha sido la gota que va a colmar el vaso. Muchas personas se están planteando que nuestro mundo necesita un cambio drástico. NO sé si, a partir de ahora, va a venir más público aún a BioCultura, pero lo que sí sé es que la crisis del Covid-19 va a ser un antes y un después para muchas personas. Las personas han tenido tiempo de reflexionar y de darse cuenta de que nuestro sistema falla desde su más íntima raíz. El cambio tiene que ser total. Pero habrá que empezar por lo más cercano: uno mismo, lo que comemos, lo que compramos, lo que vestimos, aquello con lo que nos limpiamos…

El éxito de la feria tiene más claves que no sabría explicar…

-Las razones del éxito de cualquier iniciativa, ya sea empresarial o artística, social o de cualquier otra índole, nunca responden sólo a un factor exclusivamente. Se tienen que dar muchas coincidencias. Yo creo, en mi modesta opinión, que uno de los factores clave para el éxito de  BioCultura, durante tantos años, en tantos lugares diferentes, ha sido que siempre hemos trabajado con mucha coherencia. En todos estos años, desde la dirección de BioCultura, en cualesquiera de sus ediciones, no nos hemos dejado embaucar por los cantos de sirena. Nos hemos mantenido fieles a nuestra quintaesencia. No aceptamos gato por liebre. Hemos sido tozudos en los tiempos en los que era fácil ser “bio” a medias. Nunca nos bajamos de nuestro carro. Y siempre hemos protegido a los pequeños productores, el comercio local. El tiempo nos ha dado la razón. Fuimos coherentes y consecuentes. Le duela a quien le duela. El público ha premiado esta coherencia y esa constancia durante tantos años. Nosotros creamos las primeras certificaciones, los cursos… No existía nada. Fuimos pioneros en tantas cosas… Hay justicia en el universo y ahora el público premia el que hayamos estado durante tantos años predicando en el desierto. No vivimos de subvenciones. No hacemos pasillos para caerles bien a los políticos, ni a estos ni a aquellos, aunque aceptamos su colaboración cuando hay comprensión y honestidad personal, sea cual sea el color. Trabajamos con humildad y con serenidad por el bien común. En nuestra asociación, no hay ánimo de lucro, lo que se gana se reinvierte y del que cobra más al que cobra menos prácticamente no hay diferencia. Seguimos teniendo sueldos muy modestos y estamos aquí para trabajar en pos de la regeneración de Gaia, no para ninguna otra cosa.

EL SECTOR “BIO”

-Volvamos al sector orgánico… Como comentabas, en el sector “bio”  se han introducido grandes capitales que han “abducido” a algunas de las empresas pioneras del sector; está también el tema de las grandes superficies y su “asalto” al universo orgánico… ¿Puedes darnos más datos, opiniones…? Hay mucha incertidumbre, más aún con lo del coronavirus, y la gente quiere opiniones de personas que son referencia en este universo.

-Mi opinión es también la visión de la asociación en este asunto. Al menos de su mayoría de los que formamos parte de la entidad. De los que llevamos toda una vida en esto. El sector ecológico está cambiando mucho y en muy poco tiempo, así es, hay que insistir en ello. Sí, las grandes empresas y las grandes superficies han visto un nicho de mercado y se están introduciendo. Y a un ritmo impresionante. Probablemente, en un futuro a corto plazo, convivan un sector “bio” muy convencional y otro más de establecimientos especializados, tal como lo hemos conocido hasta ahora. En el proceso algunas tiendas que no sepan adaptarse a los nuevos tiempos desaparecerán. Ya está ocurriendo. En todo este proceso no todo tiene por qué ser negativo pero es complejo y hay que opinar e informar con prudencia. No es bueno para el sector el hecho de que estas grandes empresas quieran funcionar en el sector “bio” como funcionan en el sector convencional, donde no hay la misma ética, los mismos conceptos, que funcionan en nuestro sector. El sector “bio” y su expansión son la punta de lanza de todo un cambio de paradigma que afecta a todos los ámbitos de nuestra vida (energía, salud, urbanismo, transporte, productos de higiene y cosmética, textil, construcción…) y que ya no hay nadie que lo pare y que ya ha llegado a todos los rincones de la Tierra. Para que las grandes empresas no acaben corrompiéndolo, tenemos que ser astutos. Ni negar el proceso, ni dejarlo en sus manos. Hay que ser estrategas.  Nosotros apostamos por el camino de en medio. Es decir, reconocer que este proceso se está dando y apoyarlo con límites, con serenidad, sin ideologías escleróticas. Ahora bien, con la picardía de tener a las grandes empresas en un diálogo constante para que entiendan que este sector es diferente y que tiene unos códigos éticos que no pueden menospreciar. Podríamos tenerles lejos y dejarles funcionar a su manera pero, tarde o temprano, nos dejarían a un lado y lo corromperían todo. Es mucho mejor tenerles cerca, asesorarles, guiarles, y también vigilarles. Diálogo, diálogo, diálogo. Que entiendan bien cómo funciona todo esto. Para que con ese proceso, que es imparable, todos salgamos beneficiados. Hay lugar para todos: tiendas pequeñas, grandes superficies, súpers ecológicos, cooperativas, ferias… Pero también hay que ser dinámico, creativo, especializado… No podemos dormirnos en los laureles. Los pequeños tienen que hacer un gran esfuerzo de creatividad, de dinamismo. No vale seguir funcionando como siempre. Hay que estar muy despiertos. Se van a producir muchos cambios. Hay que aprovechar las oportunidades. Hemos trabajado demasiado muchísimos años como para dejarlo todo ahora en manos de hombres/mujeres de negocios de traje y corbata. Tendamos puentes, acerquemos posturas, no seamos radicales en ningún sentido. Todo sigue estando por hacer. Mostremos claramente nuestras cartas en el tablero y, quizás, ganemos todos la partida. Si no somos astutos, la perderemos sí o sí. Y muchos de los que han sido protagonistas en el sector ecológico hasta ahora, si no saben cambiar, tendrán que aprender a ser flexibles (como la caña) y al mismo tiempo enraizados (como el roble), porque, si no, el viento se los llevará por delante.

MUNDO ESPIRITUAL

Cuando uno asiste a BioCultura, de alguna manera, percibe un trasfondo espiritual en la feria… ¿Me equivoco?

-Sí, sin duda. Hay algo. Está ahí. Patente. Velado.  A veces, es muy nítido. En otras ocasiones, es casi cripto. Porque en los primeros años había una cierta confusión al respecto. Como te decía, insisto, la cuenta atrás ha empezado. Actuar en pos de la regeneración gaiana y del bienestar de la Humanidad (en armonía con el resto de seres vivos que pueblan el planeta) es una obligación moral para toda persona consciente. Y también para los que no tienen consciencia. Denunciar las injusticias que se están llevando a cabo en el terreno de la alimentación, de la salud, de la energía… también. No podemos continuar quietos, viendo cómo la Humanidad se autodestruye, ni cómo somos cada vez más vulnerables, no podemos seguir paralizados por la inmensidad del monstruo. Tenemos una obligación moral, ética, con nuestros hijos y nietos. Hay que trabajar para dejarles un mundo mejor. Esto es solo posible si, detrás del esfuerzo, existe un profundo convencimiento espiritual. Si no existe eso, la gente se cansa, lo deja, decae. Si la montaña no viene, iremos nosotros hacia ella. Aunque la niebla nos oculte el camino. Y no olvidemos que, para cambiar el mundo, es preciso primero cambiarse a uno mismo. Demasiada gente olvida esto, que me parece primordial. “Ora et labora” decía el santo. Misticismo y activismo. Ahí está la verdadera clave.

Javier Bolufer

Próximas fechas 2020

Barcelona. Palau Sant Jordi. Del 24 al 27 de mayo

Madrid. IFEMA. Del 26 al 29 de noviembre

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