
Vilma Montoliu: «Acompañar tus emociones es tratarte con amor, compasión y paciencia»
Vilma Montoliu es divulgadora de crecimiento personal, meditación y bienestar emocional. A través de sus libros, sus redes sociales y otros proyectos, nos invita a parar, respirar y mirar hacia dentro para vivir con más conciencia y calma.
En esta entrevista hablamos con ella sobre la salud emocional, el autoconocimiento, la meditación y las experiencias que han transformado su forma de entender la vida.
Entrevistamos a Vilma Montoliu para hablar sobre meditación, salud emocional, autoconocimiento y las vivencias que le han enseñado a disfrutar y agradecer cada momento.
Vilma, ¿en qué momento vital te encuentras actualmente?
En un año de diferencia, mi madre y yo hemos superado una enfermedad grave.
Así que estoy en un momento de máximo agradecimiento y aprovechamiento de la vida. Soy una persona más feliz y plena que antes. Disfruto de cada segundo, sabiendo lo rápido que puede cambiarte la vida.
Estoy muy ilusionada con todos mis proyectos laborales y con la publicación de la primera novela de la serie juvenil Amelia Power, dirigida a lectores a partir de 10 años y publicada por la editorial La Galera.
¿Qué te ha enseñado la vida en los últimos años?
Muchas cosas. Una de ellas es que todo puede cambiar en un segundo. También que merece la pena estar contenta, tratar bien a las personas y ser amable, porque nunca sabes por lo que está pasando alguien.
¿Qué significa para ti cuidar la salud emocional?
Acompañar tus emociones tratándote con amor, compasión y paciencia.
¿Cómo llegó la meditación a tu vida y qué te ha aportado?
Con seis añitos, mi madre me enseñó a meditar. Esta práctica me ha ayudado a aceptarme más a mí misma, a pensarme y a tratarme con amor.
La diferencia con otras meditaciones es que es en catalán.
¿Vivimos demasiado acelerados? ¿Cómo podemos aprender a parar?
Vivimos en un mundo occidental y tenemos mentes occidentales. Así que sí, vivimos demasiado acelerados, pero no es culpa nuestra.
Aprender a parar es aprender a tener prioridades y dedicar energía mental únicamente a las cuestiones que de verdad son importantes.
¿Cómo podemos escuchar y gestionar mejor nuestras emociones?
Sin juicio. Por ejemplo, estar enfadado no te convierte en una mala persona y sentir celos tampoco.
Tenemos que identificar sin miedo lo que sentimos y, a partir de ahí, acompañar la emoción. Cada emoción se acompaña de una manera diferente para cada persona.
El camino de autodescubrimiento también requiere observar con qué emociones tenemos más tendencia a conectar. Por ejemplo, hay personas más coléricas y otras más nostálgicas. Necesitamos aprender cómo acompañarlas.
¿Qué papel tiene el autoconocimiento en nuestro bienestar?
Es clave. Vivimos en una sociedad donde todo tiende a estandarizarse, pero cada persona es diferente.
Creer que existen fórmulas mágicas puede resultar muy frustrante. Quizá no funcionan contigo y acabas pensando que eres defectuoso, cuando lo único que necesitas es conocerte y encontrar tu verdad.

¿Qué haces para cuidarte y desconectar del día a día?
Practico mucho deporte: ejercicios de fuerza, pilates, yoga y ballet. También medito, rezo, pinto y leo.
Siempre habían sido actividades de índole más artística, pero, a raíz de la enfermedad, he conectado mucho con la importancia de mover el cuerpo. El movimiento nos conecta con las ganas de vivir, y es importante tener ganas de estar en este mundo.
¿Hay algo que antes te preocupaba y que hoy ya no tiene tanta importancia?
Muchísimas cosas. Por ejemplo, las opiniones de los demás.
Cuando son amables, las agradezco mucho, pero procuro no necesitarlas. Cuando no son amables, ya no me enfado.
¿Qué consejo darías a alguien que quiere empezar a cuidar su salud emocional?
Que haga una lista de las cosas que considera importantes en la vida y también de sus valores. A partir de ahí, que intente vivir de una manera más coherente con esa lista.
También debe aceptar que todas las personas tenemos alguna contradicción y que no necesita castigarse ni juzgarse por ello.
Hay que tener clara otra cosa: solo tenemos radiografías de nuestra propia vida. En cambio, de la vida de los demás vemos fotografías, y las fotos siempre parecen más bonitas. Por eso no debemos compararnos.
Entrevista realizada y escrita por Sandra Seguí Figueras.
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